«Noches de paté» o la belleza de lo cotidiano

Por Julio Benegas Vidallet

Una buena parte de Noches de paté constituye una serie de relatos de familia. Relatos de familias de la antigua clase media asuncena, la que vivía en barrios populares y que se perdió, se pierde o se perderá entre la especulación inmobiliaria, los impuestos o el amor de los hijos más por la herencia que por la memoria. La pintura es extraordinaria. César Barreto marca territorio de buena escritura, y de sus secretos, desde el vamos, con Acurrucarse en la sopa. Un relato sobre la agonía y el estado de abandono, y los buitres que, sin culpa ni ostentación, merodean la muerte de la anciana. Con su pronta partida ya se perfila que ese mundo de barrio, de vecinos, de despensas, de hijos vagos pero contenidos, terminará, por lo menos en su anclaje territorial. La pulcritud de detalles, de finas punteadas, trasciende el melodrama para ubicar las historias en su punto cotidiano. Las cosas pasan, pasan. Está todo a punto de estallar o estalla permanentemente y, sin embargo, ya todo es así.

En varios relatos no va detrás del descenlace, como atizando la frase de Dréxler: “Ama la trama más que del desenlace” El descenlace aparecerá más como un punto de fuga o tal vez de inflexión, como en Tardé cinco años en hacerme fans de Bowie. Esta secuencia  se rompe y lo hace brutal e intempestivamente en Sushi, tortilla y asadito. Fantástica obra. Alucinante, casi una novela corta de 30 páginas. Si lo hubiera aislado, cosa que seguramente lo habrá pensado, hubiera parido una novela.

El lenguaje lleva al extremo lo coloquial. En muchos tramos se lo siente de una oralidad hasta arbitraria, ubicando en sus personajes frases cómo kóre y otros vocablos  paraguayensis que tal vez, y por qué no, en una  familia nipona asentada en nuestro país bien pueden o no ser cotidianos.

Noches de Paté, un libro de 264 páginas, es también una exploración no tanto de la estructura narrativa sino de formas. La ausencia de los guiones en los diálogos en favor de las comillas es una elección inteligente en esa idea de buscar los umbrales de la oralidad y de lo coloquial.

El mundo es así, así como es, y hay una forma de nombrarlo  popularmente, sin la corrección política tan en moda como decadente. En ese intento gravitan en su obra algunas, pocas, postales pornográficas sin preparación. No hay nada y hay todo, sin aviso. Existe nomás todo. Y si lo contaras oralmente, en un diálogo de amigos, lo contarias seguramente  así como te lo cuenta Barreto,  con los detalles  hasta escatológicos.

La contemporaneidad del lenguaje es una apuesta seria ya de una generación de asuncenos que, como Cave Ogdón, ya sólido escritor de noveles, ya son voces de un tiempo muy alejadas del regodeo estético roabastiano.

En su apuesta por las formas, en algunos relatos hay un intento de subvertir el orden gramatical de los puntos. No sé, creo que complica en vano la lectura en un país en el que primero necesitamos leer y luego, si nos da el tiempo y las ganas, jugar con las estructuras. Pero son apuestas, y en apuestas, ya sabéis.

Por ahí.

Mal y tarde vengo a cumplir la promesa que me hice de comentar este hermoso libro, de una edición muy bien cuidada, con apoyo de Andrés Vásch. No es para menos, César Barreto, uno de los fundadores  de la editorial Aike BIene, es un gran diseñador y editor de libros.

Un libro hoy  es un regalo. Regalarse un tiempo de calidad. En estos tiempos de vanas, prontas y básicas urgencias, un libro con  especial cuidado de edición y texturas como Noches de Paté es un hermoso regalo.

¡Salud!

Ah, les dejo el número César por si no encuentren el ejemplar en las librerías: 0982229025

 

 

 

 

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