Entrevista a Huge Sillytoe: “No hay ningún ser en este mundo que no sea absurdo”

Por Agustín Barúa Caffarena[1]

Huge Sillytoe

En estos días Huge Sillytoe (Inglaterra) estuvo en el Espacio E proponiendo una actividad titulada “La libertad de ser bobo. Una exploración participativa de la performance absurdista como forma de resistencia”… ¿”Bobo”? ¿”Absurdista”? Entrevistamos a este artista, activista y antropólogo para saber más de su quehacer.

E´a: ¿Quién sos?

Huge: Justamente lo acabo de contestar en este taller, de diferentes maneras. Comenzamos contestando esta pregunta a través del sonido y movimiento condensados, expresando alguna parte de quién sos: (hace sonidos y mueve las manos). Esta sería una manera de contestar esa pregunta ahora.

Me parece que siempre es muy difícil contestar esta pregunta. Es parte de la indagación que yo estoy haciendo como artista. Quién soy y quiénes somos.

Pero también te puedo contestar de una manera más concreta, si quieres. El nombre como el sonido que uso más es Huge Sillytoe, que significa literalmente en inglés “un dedo de pie enorme y tonto”.

E´a: La palabra “absurdo” es importante en vos. ¿Cómo te vas conectando con ella en tu vida? ¿Cómo aparece?

Huge: Creo que me di cuenta del absurdo de existir con 7 años. De niño sufrí una enfermedad bastante grave (encefalomielitis miálgica) y estuve discapacitado durante diez años. Durante buena parte de esta temporada de mi vida, entre los 6 y los 16 años, no podía salir de la casa y cuando pude hacerlo tuve que salir en silla de ruedas. Me acuerdo que con 7 años, después de haber estado enfermo como un año, me pregunté: “¿por qué me pasó esto? ¿Por qué me pasa a mí?”, Y se me ocurrió pensar que no hay una razón o una explicación de porqué me pasó a mí. Es como una injusticia inexplicable.

Y con este reconocimiento también reconocí que no hay una razón para nada. No había una razón de porqué había nacido o cualquier cosa que iba a pasar en mi vida. Entonces a partir de este momento yo creo que empecé a pensar en el absurdo. Porque era un absurdo que yo estuviera tan enfermo y tan mal.

Pensar en esto me llevó muy temprano a reconocer lo absurdo de existir, esta imposibilidad de identificar una razón fundamental por ser.

¿Lo absurdo sería como la inexplicabilidad de algo?

Claro. Este espacio de desarmonía entre querer saber por qué existís o tener una razón por ser y no poder identificar una explicación. En esta desarmonía es donde vive el absurdo.

¿Qué dirías de la poética de lo bobo, de la belleza de lo bobo?

Pues enfrentar el sentido construido, impuesto por los poderes opresivos de este mundo, con una mueca. La mueca del bobo como algo muy poderoso para desafiar y deshacer ese poder. Esa sería la poesía del bobo.

¿Cómo pensás esta época a partir de tu punto de vista del absurdo. ¿Qué es lo que estás cuestionando, diciendo, respondiendo, a la contemporaneidad?

Siempre hay una jerarquía que dicen “yo soy más importante que vos”, que puede ser una élite patriarcal, una élite capitalista, o cualquier forma autoritaria. Pensando esto yo creo que siempre esta capacidad del bobo, del desafiador absurdista de ir en contra de esta normatividad que dice que alguien es más importante que otra persona, siempre ha tenido relevancia. Y no es que crea que tenga más relevancia ahora, sino que esta relevancia sigue, porque estas opresiones siguen, entonces es importante que mantengamos este esfuerzo del bobo, y si podemos aumentarlo también. Algo que espero nos puede ayudar a imaginar, y a través de la imaginación empezar a crear comunidades fuera de esos sistemas opresivos. Creo que el absurdismo, y de ahí el arte que yo hago y que otra gente está haciendo también, espero que pueda contribuir a este camino lamentablemente lento.

¿Cuál es la dimensión política de lo absurdo?

En el núcleo está el reconocimiento de la igualdad fundamental: no hay ningún ser en este mundo que no sea absurdo. Y dentro de esta absurdidad esencial compartida, nadie tiene la legitimidad para decirle a alguien más: “yo soy más importante”.
Y esto me parece algo altamente político, pero que lamentablemente no es muy reconocido cotidianamente en casi ninguna parte del mundo. Esta sería la fuerza principal de cualquier acto absurdista.

¿De alguna manera vos discutís la relación cordura-locura con tu mirada de lo absurdo?

Sin duda alguna. Absolutamente. Y quiero explorar actos e intervenciones que justamente interrumpan esta frontera inventada, construida, y nos creen aperturas para deconstruir esto, o incluso destruirlo. A mí me parece como una violencia decir que hay una manera correcta y hay otras maneras incorrectas.

Si yo hiciera sonar una trompetita y anunciara: “Diez reglas para ser absurdo”, ¿qué dirías?

Me gusta la pregunta. Voy a contestar ahora de una manera que no contestaría mañana ni ayer:
1. Cubrir una coliflor con miel y pasarla por todo tu cuerpo.

  1. Chupar el aire con más ganas.
  2. Llamar a cada caracol por su nombre completo.
  3. Mezclar todas las especies en un solo bowl.
  4. Escuchar el latido del corazón de la tortuga que esté más lejos.
  5. Meter tus piernas en una sopa tibia de tomate de primavera y tomarte el tiempo de disfrutarlo.
  6. Habla siempre con tus seres queridos sinceramente.
  7. Toca tambores con tu lengua.
  8. Sacar todos los granos que tienes en tu cuerpo. Darles su libertad.
  9. Mirar la luna roja y dejarla mirarte a vos.

¿Querés decir algo que te haya quedado suelto, algún balido, algún alarido?

Estoy disfrutando escuchar a los grillos, a la gente allá afuera, las máquinas y la brisa. Ellos como siempre susurran también temáticas muy parecidas a lo que acabo de decir.
Me acuerdo que con 17 años estaba sentado debajo de un árbol en el pueblo donde yo crecí, en Durham zona rural del norte de Inglaterra. Y vi a una nube de midges (que son parecidos a los mosquitos) volando, haciendo sus letras. Y yo leí estas letras y pensé que estaban escribiendo un mensaje para decirme: “Tú no eres más importante que nosotros y nosotros no somos más importantes que vos. Todos somos parte de esta gran naturaleza”.
Ahora que escucho los grillos (suenan fuera del comedor del Espacio E donde conversamos) creo que ellos están susurrando algo parecido. Y son ellos los que tienen la última palabra.

[1] Psiquiatra placero. Antropólogo social. Investigador.

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