Entrevista a Carlos Zárate: “El elemento de identidad cultural más importante que tenemos como ciudad es la solidaridad”

Por Agustín Barúa Caffarena

Carlos tiene una casita en Sajonia desde la que ya se siente el Río Paraguay. Mesa de por medio, conversamos de su libro “Arquitectura del paisaje en Asunción. Estilos de una historia fragmentada” (Zárate, 2023).

E´a: Te pido que me repitas esa definición de “paisaje” para vos que me pareció tan potente…

Carlos Zárate: La noción de paisaje que me interesa es la que utiliza la doctora Sonia Berjman (una de las voces más importantes a nivel mundial sobre la protección de patrimonio paisajístico): “paisaje como una porción identificada, sentida, percibida y significada por el ser humano”. O sea, es un concepto humano. Una porción de entorno al que nosotros le otorgamos una significación.

E´a: ¿Y qué no es?

Carlos Zárate: Todo lo que no nos genera una emoción, un vínculo, una reacción, puede ser un paisaje, pero no es nuestro paisaje. Mientras no percibimos no existe como tal. Es como esa explicación que dan con respecto al sonido: si un árbol en medio de la selva cae y nadie escucha, hay una vibración pero no hay un sonido. Porque el sonido es un efecto interno que se produce dentro de los seres vivos que traducen esa vibración en sonido. Esa es mi interpretación, así ya no  lo dijo Berjman. Es una noción cultural. El paisaje es cultura.

E´a: ¿Y cuál sería el cruzamiento entre arquitectura y paisaje que es el título del libro, “Arquitectura del paisaje en Asunción, estilos de una historia fragmentada”?

Carlos Zárate: Resulta que hasta fines del siglo XIX, en español y en otros idiomas también, se utilizaba el término paisajismo. Y empieza a tomar otro estado de interés social el diseño de los espacios abiertos, desde el momento en que los estados lo toman como una acción más en el marco del pensamiento higienista en el cual había una intención de mejorar la calidad del ambiente de las ciudades y de los pequeños pueblos. Los jardines salen por primera vez de los palacios y llegan al espacio público. Entonces se amplía el campo de acción y de discusión y empiezan a darse algunas confusiones sobre el uso del término paisajismo. Para darle un sentido práctico, por un lado, de desambiguación del término, para que quede claro que no se está hablando de la actividad pictórica, aparece la noción de arquitectura del paisaje. Y por el otro lado, es para darle ese marco de actividad profesional, más allá de un hobby nomás o de un acto artesanal, casi como de receta que es transmitido de generación en generación solamente por una línea de jardineros. Aparecen los diseñadores de fines del siglo XIX en Norteamérica y en Inglaterra que solicitan ser llamados arquitectos, pero no de espacios interiores, sino del exterior. Arquitectos del paisaje. Son quienes ordenan ese espacio natural. Por eso la diferenciación entre paisaje y arquitectura del paisaje. Arquitectura del paisaje es la operación sobre el paisaje.

E´a: ¿Qué querés situar cuando decís en Asunción y qué se pone en tensión con la especificidad “en Asunción”?

Carlos Zárate: Me hicieron ese reclamo más de una vez. La respuesta es siempre la misma: hay una intención sobre la cual estoy trabajando hace más 10 años (y que probablemente me va a tomar otros 10 años más) que tiene que ver con poder lograr una narración fluida sobre el quehacer de la arquitectura del paisaje en Paraguay. Que pueda terminar como siempre en un documento, tipo libro. Pero para eso falta mucho todavía. Hay demasiados datos sueltos y que no están conectados. Y el lugar donde encuentro, lógicamente, la mayor cantidad de datos, es Asunción. Asunción tiene en casi todos los aspectos de la vida tiene mayor documentación, porque es capital desde siempre, porque tuvo más movimiento, más sistematización, la centralización de poder, etcétera.

Estamos demasiado atrasados, demasiado Después te voy a dar cifras en décadas, para que veas lo atrasado que estamos.

E´a: Me parece que esto viene a saldar un aspecto de una deuda grande que tenemos con Asunción de pensar Asunción, de diferentes cortes, me parece muy valioso. ¿Cuál es tu relación entre paisaje y espacio público?

Carlos Zárate: El espacio público forma parte del paisaje. A la vez nosotros podemos agudizar la mirada y poner paréntesis sobre el espacio público, y ese es nuestro paisaje en un momento determinado. Pero es difícil siempre encontrar la línea de borde exacta. No existe luego una línea de borde exacta en un paisaje, siempre es algo que pasa un poquitito más, algo que entra un poquitito más. Y además nunca es cien por ciento visual. Es emotivo y está vinculado también a los otros sentidos: es olfativo, tiene gusto, el paisaje tiene sabor, tiene sonidos, ruidos. Y son aspectos tan valiosos y significativos como el aspecto visual. El espacio público es el sitio por excelencia donde podemos encontrar los rasgos de la arquitecturización del paisaje en un ámbito urbano o proto urbano.

E´a: ¿Cuál es la importancia política, estética, ética, histórica, afectiva de rescatar la cuestión del paisaje y Asunción?

Carlos Zárate: El motivo por el cual a mí me resulta extremadamente seductor el tema de la arquitectura del paisaje, por encima de otros temas que también me interesan dentro de la disciplina, es lo extremadamente sensible que es la arquitectura del paisaje a los cambios político ideológicos. Es un termómetro muchísimo más sensible que la arquitectura edilicia. Y para muestra basta salir simplemente a recorrer por el centro. Te vas a encontrar con ejemplos de arquitectura edilicia del siglo XIX, y alguna que otra de fines del siglo XVIII (Casa de la Independencia, Museo Bogarín). Pero ya no vas a encontrar rastros de jardines de ese periodo. Son mucho más sensibles, mucho más delicados. Y  cuando la cosa está cambiando a nivel político, ideológico, no solamente en una cúpula de poder, sino a nivel social en general, la mentalidad de la sociedad va cambiando, los espacios arquitecturizados son los primeros en cambiar.

¿Me puedo referir al libro? En el ombligo del libro hay un capítulo que para mí es el capítulo central que se llama “Estética de los no jardines”, que toma prestado el término de Marc Augé de “los no lugares” (los lugares del anonimato, sin referencia, sin identidad) para explicar por qué nosotros como sociedad asuncena en el siglo XXI no conocemos prácticamente nada de lo que pasó, a fines del siglo IX y a principios del siglo XX, sobre esta actividad paisajística en Asunción. A mediados de la década del 40, cuando entramos en la previa de la guerra civil del 47, con la puja que se dan dentro de las cúpulas de poder, una de las acciones del gobierno fue eliminar los símbolos de identidad del liberalismo. Aclaro, primero, no tengo partido, no tengo afiliación, no milito en ningún movimiento, soy de izquierda a mucha honra. No soy liberal. No estoy haciendo ni una defensa del liberalismo, ni un ataque al coloradismo. Estoy explicando que ocurrió una puja fuerte de poderes, y Morínigo necesito en algún momento darle un codazo al liberalismo y aproximarse al coloradismo de la manera más estrecha posible. Y atacar en el espacio público los símbolos de identidad del liberalismo era fundamental. Y eso es lo que explica el porqué los jardines situados en las plazas, que estaban en el apogeo de su estética y de su belleza, de un día para otro, desaparecen.

E´a: ¿Cuál es el cambio que remarcás?

Carlos Zárate: Este es un diseño y este es otro. Este es un diseño que tiene una serie de elementos compositivos, es un diseño original, considera círculos, cuadrados, triángulos, proporción áurea, hay un simbolismo que tiene que ver con el pensamiento positivista, etc., etc. Acá aparece un diseño centralizado, seriado, se repite un sellito en todas las plazas del país a partir de acá, un elemento central porque hay que rendirle veneración, tributo. Nunca va a ser, o casi nunca, una personalidad importante por su aporte a una disciplina. Casi siempre son militares y si no son militares son reivindicadores de los militares, como el caso de O´leary. Y sobre todo no tiene espacios reunitivos; hay que circular, venir, mirar y seguir de largo. No hay un atractivo, no hay una novedad. Esto es exactamente igual a lo que está acá. Así que luego ya es sospechoso que vos vengas a la plaza, qué venís a ver si es lo mismo que está en todos lados.

No es lo mismo que está acá, son todas creaciones originales. Y no hay puntada sin hilo acá, cada elemento significa algo. Esto forma parte de otra manera de diseñar que es propia todavía del Clasicismo donde no se trabaja con la regla, no es que se medía, bueno 3 metros para el caminero. No, se diseñaba en función a proporciones.

E´a: Hay una observación que suelo hacer de las casas… yo creo que no está tan vigente, pero en los 80, 90 era muy marcado, las casas a la vera de las grandes rutas asfaltadas (RN 1 y RN 2) en Paraguay, donde la pintura oscilaba entre varios tonos pasteles, verde y celeste… Las paredes interiores tenían marcas de fotografías de colaciones, egreso de servicio militar, casamientos y bautismos, actividades de tono cristiano, de tono más educativo, algún calendario, alguna imagen de virgen… a mi criterio muy uniforme y estereotipado. Sin embargo, cuando uno mira los patios, la disposición de las planteras, la combinación, los planos, mucho más creativo y habilitado. En algún momento tuve la sospecha de que somos seres de exteriores, quizás una cuestión más ancestral, de que lo nuestro no era sedentario, con lo cual nuestra riqueza creativa se afinca más en los exteriores, llámese jardín-patio. ¿Tiene algo que ver con tu discusión de paisaje esto?

Carlos Zárate: Siempre va a tener algo que ver. Hay que hacer la aclaración. Esto es apenas un intento por entender lo que ocurrió con cierta manifestación de la arquitectura del paisaje. Que está aclarado ya en la introducción. Que había un montón de elementos sueltos. Como para dar un paso más allá de simplemente contar secuencialmente, primero pasó esto y después pasó lo otro, sino tratar de explicar el porqué se tomó este camino y no otro. O cuál es la relación, sobre todo, entre estos elementos que están cercanos. Bueno, el estilo como concepto me fue muy útil para poder establecer esas relaciones. Son relaciones sincrónicas.

Lo que vamos a entender como un diseño doméstico, popular o no academicista, mejor dicho, por un lado, tiene la característica de la vigencia. Es extremadamente estático en sus características. Vos lees las descripciones de lo que eran los jardines de Madame Linch, a mediados del siglo XIX, y no son muy diferentes a los jardines que tenemos nosotros hoy en los frentes y los fondos de nuestras casas. Salvando las escalas. Y eso me parece muy interesante. Y además un rasgo muy positivo. Porque justamente expone la vinculación que tenemos nosotros culturalmente con el paisaje. Y la importancia que tiene, no tanto el exterior, sino la vegetación.

¿Cómo te puedo explicar eso? A ver un poco… es casi como que está en el ADN. Es como una especie de información que se transmite de generación en generación sobre cómo organizar las especies, hacia qué lado poner y en qué lugar dejar claros para ubicarse para hacer determinadas cuestiones. Y es muy eficiente. Yo creo que la eficiencia y esa situación no dinámica o tan estática a lo largo del tiempo, de que los jardines son prácticamente los mismos en su concepción, es extremadamente distinto a lo que ocurre dentro de las viviendas.

Nosotros entramos a una casona de hace cien años, de la década del 20, en términos espaciales es absolutamente distinto a lo que nosotros concebimos hoy. Pero salimos afuera y miramos los patios, salvando algún que otro elemento, como el aljibe, por ejemplo, que con el paso del tiempo fue desapareciendo, pero el resto es prácticamente lo mismo.

Me imagino también que ha de jugar un poco el hecho de que la vegetación tiene su ritmo de evolución. Entonces el mango que yo planto hoy es exactamente igual al mango que plantó mi abuelo hace 120 años.

Vamos a volver a esa definición de Berjman sobre paisaje. Esa porción que a nosotros nos significa. Para que algo nos signifique hay que meterle mano únicamente, en la mayoría de los casos. Sobre todo en una escala chiquitita. El dato que nos puede estar dando es que nuestra relación, culturalmente hablando, con los elementos naturales del paisaje desde un punto de vista de la supervivencia, en término temporales, es algo demasiado cercano en el tiempo. Nuestra relación con el paisaje natural (nuestra digo, ancestralmente). Todavía culturalmente nosotros somos mucho más selváticos que urbanos. Eso es lo que creo que nos dice. Y me parece espectacular. Espectacular.

E´a: Para una razón colonial podría considerarla como atraso…

Carlos Zárate: Y de hecho, ese fue el argumento. Hay documentos desde la época de Hernandarias, desde los inicios de la ciudad ya. En los cuales se manda a talar árboles acá dentro de Asunción, por estar asociado con enfermedades y con las culturas nativas.

E´a: Se habla significativamente de arborización urbana y este intendente de Asunción que fue icónico porque promovió los cítricos. Eso iría un poco en contra de esa lógica…

Carlos Zárate: Lo que pasa es que esa mirada positiva sobre la vegetación desde el discurso de poder o discurso oficial entra recién a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando toma cuerpo el Higienismo, como corriente de pensamiento que lo que busca es dotar al ciudadano de un ambiente digno y con medianas condiciones de salubridad, entre otras cosas. La vegetación que estaba más asociada al lugar de donde salimos, a lo que dejamos atrás con el paso que dimos adelante. Esa vegeta adquiere un valor positivo porque aparecen las primeras documentaciones científicas sobre el aporte que tiene la vegetación para contrarrestar las condiciones que favorecen una serie de enfermedades. Y acá viene una cuestión muy interesante que tiene mucho que ver con tu disciplina, que tiene que ver no solamente con la salud física, sino con la salud mental.

Esa suerte de reconciliación que se da con la vegetación que nos refería al Paraguay del siglo XIX, al pasado, tiene que ver también con el asumir que los habitantes de las ciudades que estaban llevándose la peor parte de la desorganización y de la insalubridad, era justamente la gente que estaba viniendo del campo.

E´a: Estaban “desorganizando” la ciudad…

Carlos Zárate: Claro. Es gente que viene con una mano adelante y otra atrás, obviamente no va a venir a ocupar los espacios físicos de la burguesía. Van formando los guethitos, que son extremadamente insalubres, pero que qestán al lado nomás de los espacios de la burguesía, comparten espacios comunes, así que los problemas se vuelven comunes. Empezar a introducir la vegetación a los espacios públicos en estas ciudades, implicaba no solamente espacios que mejoren las condiciones de salubridad, para que uno no se enferme de determinado virus o bacteria, sino también para contrarrestar los efectos depresivos de la gente que, exactamente como todavía nos pasa hoy en Paraguay, fue expulsada por las circunstancias de sus espacios rurales, habitados ancestralmente por sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos, sus tatarabuelos.

Ese desarraigo. No solamente salir de algo que no es tuyo, sino entrar a algo que tiene otra dinámica; donde todo está demasiado cerca, donde nada es grande, donde los ruidos te saturan por todos lados, donde los olores no son los olores del campo. Afecta de una manera profunda a la mente, no solamente al cuerpo. Entonces tiene ese doble objetivo la introducción de la vegetación dentro los espacios públicos. Vegetación y jardines había, pero en los espacios privados. Las plazas y los parques son un fenómeno recién de la segunda mitad del siglo XIX.

E´a: El caso pandemia COVID… ¿qué hubiera pasado si Mazzoleni, como Ministro de Salud que administró gran parte de aquello, no hubiera sido reumatólogo militar, sino que hubiera sido psicólogo gestáltico, o arquitecto paisajista, en tu caso. ¿Se te ocurre algún tipo de matiz que desde tu trabajo pudiera haber atravesado el abordaje de la pandemia, algún aporte?

Carlos Zárate: No sé si hizo un buen o mal trabajo este señor. Si creo que se orientó demasiado a medidas medio represivas. No trasvasó los bordes de la medicina, se quedó en un aspecto, uno de mil componentes de la medicina y se lo encaró de la manera más rudimentaria posible. Yo creo que fue una falla porque se olvidaron de la calidad de vida. Que requería además de médicos, requería el concurso de gente de otras disciplinas, no solamente de arquitectura, ojo, yo te diría que prácticamente todas las disciplinas. Y de hecho, yo leía en redes, cómo la gente, los gremios, proponían alternativas desde sus disciplinas. En el caso de arquitectura, me acuerdo demasiado bien, porque un grupo de profesionales desde una de las cátedras de la facultad de arquitectura, planteó una serie de cuestiones y todo cayó en saco roto. De hecho que ni siquiera lograron una entrevista.

E´a: Vos mencionabas el tema de salud mental. Nosotros venimos de varios procesos pensando la salud mental comunitaria. Hay un giro ahí que cuestiona la medicalización, la patologización, el biologicismo, el hospitalocentrismo. ¿Cuál es el aporte del concepto paisaje a la salud mental comunitaria?

Carlos Zárate: Yo creo que el paisaje no es una garantía de buena salud mental, pero cuando uno no se siente identificado con un paisaje y siente que está permanentemente en un espacio que le es ajeno, extraño, hostil, incómodo… muy difícil que tenga una buena salud mental esa persona, muy difícil por no decir imposible. Eso por un lado, después habría que ver qué grado de verificación se puede lograr con cuestiones medio instintivas. Y eso nos lleva a esa explicación que estábamos ensayando hace un rato del porqué son tan persistentes ciertos elementos dentro de los patios domésticos que a nuestros antepasados les daba seguridad en determinados ambientes. La vegetación, presumo, tiene un efecto reparador. No sé cuál sería la palabra… cuando vos conocés algo, te es familiar. La vegetación nos resulta familiar y probablemente tenga un valor intuitivo. Porque vegetación es vida. Y el objetivo nuestro como especie es mantenernos con vida. Entonces la vegetación nos está diciendo acá hay condiciones. Vamos a pasar al campo de la semiótica, la vegetación es un índice, está diciendo: acá hay condiciones por eso yo estoy vivo. Y esas condiciones son similares a las que yo necesito también. Si el árbol no está seco, quiere decir que hay agua cerca. Si el árbol está creciendo quiere decir que hay algún fruto del que me voy a poder alimentar. No quiero caer en seudociencia. Sé que estoy especulando.

E´a: Hay dos relatos que me parecen tiene que ver con esto que decís y con la pregunta de salud mental comunitaria, un relato de la inseguridad y un relato del consumo. La primera habla de cierta peligrosidad, de evitar el espacio público. Y el del consumo habla justamente del estatus del consumidor en clave capitalista que ofrece lo otro del peligro, una supuesta seguridad, una serie de atractivos. ¿Desde tu proceso qué comentarios tenés?

Carlos Zárate: El espacio público (dentro del ámbito de las ciudades) es el ámbito donde por excelencia uno ejerce su ciudadanía. Si también lo hacés en espacios cerrados también lo haces en espacios privados. Pero ¿una ciudad de un habitante?… vos necesitás una comunidad, que es mucho más que decir hay cien, mil, o un millón de individuos, vos necesitás que interactúen esos individuos para que funcione, para que active el concepto de ciudad. Entonces el espacio históricamente, por excelencia, de interactuación es el espacio público. Desde, si nos cruzamos el océano y nos vamos a las primeras civilizaciones de Oriente Medio y compañía, hace miles de años, el espacio público ya está consagrado como tal. Entonces, cuando los sectores de poder articulan el poder administrativo para no incentivar el uso del espacio público, ahí hay un mensaje ideológico. Y nos llevan a sus espacios generados, no es que diluyen. Ellos saben que no van a poder evitar esa interactuación, pero llevan a espacios donde ellos puedan sacar un rédito.

E´a: Y establecer sus reglas encima…

Carlos Zárate: Ahí es donde uno verifica que la cuestión es totalmente ideológica. Ideología en el sentido más genérico del concepto. El poder, los grupos de poder en Paraguay y la región desde hace décadas tienen una visión que no siempre son cuestiones totalmente racionalizadas. Son cuestiones que ocurren y continúan ocurriendo porque a lo mejor “de chiripa” ocurrieron en algún momento y les resultaron funcional. A lo mejor, los grandes poderosos ni se han sentado todavía hasta ahora a pensar estas cuestiones de los espacios, y a lo mejor ni siquiera les da el cuero para eso. Pero las cosas que ocurren les resultan funcionales por eso siguen ocurriendo. Te hago esa aclaración porque si no parece todo así muy conspiranoico: ellos están pensando luego para… No, simplemente no encontraron un rédito personal articulando al Estado para que mejore la calidad de los espacios públicos; pero sí lo encontraron dejando que eso se caiga y generando sus propios espacios.

E´a: Esto que vos nos planteas a lo largo de todas las respuestas, ¿cómo te parece interesante que se traduzca en políticas municipales para Asunción?

Carlos Zárate: Hay un cambio de paradigma que se tiene que dar y eso no es cualquier cosa, no es algo que pase en diez años. Podés forzar, pero… vos te saltás algún paso en algo tan grosso como un cambio de paradigma y todo se viene abajo después como un castillito de naipes. Asunción cumple 500 años dentro de menos de quince años. Y quince años es poco para lograr un cambio de paradigma completo porque involucra a una sola generación. Pero podemos plantear un cambio de paradigma en los próximos treinta años, por ejemplo, y la mitad coincide justito con los 500 años de Asunción, momento para parar la pelota y ver cuánto avanzamos en ese objetivo. Pero, primero, un cambio de paradigma dura mucho tiempo. Segundo, ya sabemos hacia donde nos estamos yendo haciendo las cosas que hacemos y cambios superficiales o cambios aleatorios alternados de determinadas cuestiones, lo único que va a hacer es que caminemos un poco más despacio hacia el abismo. Pero al abismo nos estamos yendo, eso es categórico. Exactamente hacia el lado opuesto tenemos que ir.

E´a: ¿Cuál sería esa “ciudad abismo”?

Carlos Zárate: Es una ciudad que ya la podemos ver en varios casos en Europa. No fantasma, pero es una ciudad de habitantes transitorios. No es un lugar. Es un sitio que de repente significa una cosa para una persona, pero no para un colectivo. Podés tener un grupo que justifique la denominación de colectivo, pero es absolutamente distinto para cada uno de los que están ahí porque las relaciones entre ellos son muy débiles. Nadie se queda mucho tiempo, todos están de tránsito porque quieren ir luego a otro lado o hasta que las condiciones les digan que tienen que irse a otro lado. Entonces la ciudad deja de evolucionar. Debería usar “desarrollo”, ahora que pienso. La ciudad deja de desarrollarse. Se desarrolla algunos componentes, todos asociados al sector privado. Pero la ciudad como tal deja de desarrollarse. Va a crecer en función a determinados intereses como ahora mismo le pasa luego ya a la ciudad. Asunción se está llenando de viaductos. “Parece Miami”, te dice el presidente, porque está llena de autos por todos lados, pero no es mejor ciudad por eso. En todo caso está adquiriendo algunos elementos que son clichés de ciudad. Porque uno asocia las masas de hormigón con ciudad. Pero Asunción, en los aspectos esenciales, no es mejor hoy que hace 50 años. Y yo odio eso. Una frase que me da repulsión es decir “todo tiempo pasado fue mejor”. Porque me parece la gran mentira de la humanidad. Yo no quiero decir que Asunción fue mejor porque estuvo en el pasado. Pero demasiadas macanadas nos mandamos. O mejor, hemos sido testigos de demasiadas tonterías una detrás de otra, que encarrilaron a la ciudad hacia una manera de desarrollarse que despersonifica. Le resta lo único que sí o si necesita cualquier ciudad para no extinguirse, que es su identidad. Y esto no es en un sentido chauvinista. Una ciudad sin gente es un envase. Se necesita gente, pero además se necesita que la gente esté emocionalmente vinculada a ese envase.

E´a: ¿Eso sería parte del paradigma hacia el cual decís que tendríamos que devenir? ¿Querés ampliar la idea de ese paradigma?

Carlos Zárate: Ese paradigma tiene que apuntar a acercarse a esos elementos de identidad histórica que tiene la ciudad. Que no siempre tiene que ver con infraestructura física. En todo caso ésta es un elemento de apoyo para fortalecer el elemento de identidad cultural que tenemos, el más importante de todo: la solidaridad. La solidaridad es el elemento más atacado y más afectado dentro de todo este esquema de modificación de la ciudad que está sufriendo Asunción. Somos cada vez menos solidarios, dudamos cada vez más de ser solidarios. Dudamos del que está al lado: “¿necesita algo o está esperando que yo le dé la espalda? ¿Me va a preguntar la hora o me va a llevar mi celular?”. Ese tipo de cosas nos pasan a todos, todos los días. Empezamos a ver al otro detrás de una línea entre él y yo, en vez de ver una línea acá donde estamos. Y este modelo en el cual está desarrollándose Asunción genera circunstancias que justifican ese tipo de cosas.

E´a: ¿Por ejemplo…?

Carlos Zárate: Vamos a ir hasta el último efecto, mal tomado por causa, que es la cuestión de la inseguridad. Tiene fiebre y está con una enfermedad terminal que uno no puede ver. Y la fiebre es lo que se nota. La inseguridad es un síntoma. Y responde a una serie de condiciones actuales que tiene la ciudad que tienen que ver con el desempleo, con la presión de consumo del capitalismo, que no es menor. Uno se pregunta por qué mamá y papá pudieron a los veinte y pico comprarse una casa en Asunción y yo estoy endeudado hasta el cuello por 3 años más, y hace casi diez años que estoy pagando. Dónde estuvo la diferencia si yo tuve las oportunidades que ellos no tuvieron. Ellos me dieron a mi las oportunidades que ellos no tuvieron. A mí me fue muy fácil ir a la facultad sin necesidad de trabajar. Claro, ellos se compraban ropa y la ropa les duraba años. No había un bombardeo publicitario. No existía la obsolescencia programada, una serie de gastos fijos mensuales que no existían en esa época, como internet, la telefonía celular, los seguros. La plata rendía de otra manera. Y los apuros que podían tener se llevaban con mayor alivio porque teníamos a todo un primer y segundo anillo de amigos y parientes que estaban ahí siempre para darte una mano. Volvemos al concepto de solidaridad. Hoy en día todos tenemos algún tipo de aprieto y por más que queramos ser solidarios con el amigo que vemos que se está ahogando, nosotros también nos estamos ahogando.

 

E´a: Una pregunta final. El pasto. A mí me hace mucho ruido nuestra colonización por el pasto. Pareciera que el pasto es una especie de paz espiritual, una metonimia de cierto orden social donde nos sentimos confortados. No es solamente algo de lo botánico. ¿Con esta discusión que vos tenés de paisaje y pasto, problematizás eso de alguna manera?

Carlos Zárate: Más bien me dedico ya a transmitir, porque hay gente mucho más cualificada que ya problematizó esta cuestión en la década del 60 y del 70, que tiene que ver con cuáles son los efectos psicológicos del paisaje. ¿Por qué determinados paisajes nos resultan atractivos? ¿O qué buscamos dentro de un paisaje? ¿O cuando cerramos los ojos y pensamos en el paisaje ideal, por qué tiene tu paisaje y mi paisaje dos o tres elementos que son sí o sí comunes y fijos?

La pradera, el campo abierto, por alguna razón es atractivo, agradable. Por razones, otra vez, de superviviencia. Si hay algún peligro, en un campo abierto es mucho más fácil detectar eso, que en medio de una selva espesa. Entonces es un espacio seguro el descampado. Además, eso me indica, de alguna manera, que ese es un lugar que me va a generar menos esfuerzo para asentarme ahí si es que eso lo que estoy buscando. Y a eso ya deviene toda una cuestión cultural que va evolucionando, el tema de que el lugar para asentarse tiene que estar descampado. Entonces si tu objetivo es un lugar para asentarse, cualquier obstáculo que esté ahí es un obstáculo. Y ahí es donde se convierte el árbol en enemigo. Que es lo que denunció Rafael Barret en su momento, por 1904. El odio a los árboles. Un texto cortito pero brillante. Donde él denuncia esa mentalidad de querer generar descampados. Pero eso ya es un derivado. Básicamente por qué ciertos componentes de paisajes resultan atractivos, lo más probable, es porque de una manera instintiva nos está indicando algo. Traemos otra vez el concepto de la semiótica. Indica un lugar seguro, o por lo menos si hay un peligro vamos a percibir más rápidamente.

E´a: ¿Algo más que quieras agregar…?

Carlos Zárate: El otro día recordó el arquitecto Raúl Montero algo que me parece muy importante: el jardín es el punto de encuentro entre lo cultural y lo natural. Se da en ese lugar y no en la arquitectura edilicia. Se da en el jardín. Todas las nociones de diseño, toda la carga simbólica y emotiva que tenemos, se manipula con elementos esencialmente naturales, como la textura del piso y sobre todo la vegetación. Eso hace que los jardines de cualquier escala tengan una importancia culturalmente demasiado… No estoy diciendo que es más importante que la arquitectura edilicia, ni que ningún otro producto de diseño de ninguna rama. Digo que tiene algunas singularidades. Recordando eso y yendo a la materia prima de cualquier tipo de jardín y de paisaje, tender y propender a que tengamos con un montón de estrategias que irán surgiendo por el camino, y otras que ya existen, a que podamos todo el tiempo ir reflexionando sobre cuál es el valor participatorio dentro de nuestros escenarios la vegetación, a lo largo del tiempo y hoy. Y si llegamos a la conclusión de que es un valor muy alto, entonces hay que extremar recursos para poder planificar, para que eso no quede simplemente en la vegetación. Porque la vegetación es demasiado importante en un contexto como el nuestro. A nivel climático. Vos pudiste comprobar la diferencia de temperatura una vez que pasaste el umbral [se refiera a su casa]. Nada de eso fue hecho por mí, si dispuesto. La vegetación hace todo, porque al ser un ser vivo autorregula su temperatura. Nunca una planta tiene más de 33 grados y eso en un país y en una época que no tiene nada raro llegar a los 38 grados, es fundamental. Ya no hablamos de cuestiones simbólicas, ni conceptuales, sino de supervivencia básica, física. En un país donde tenemos una tasa tan alta de hipertensos, con cuadros depresivos cada vez más altos, los efectos que tiene la vegetación para poder contrarrestar un poquitito eso. La proporción/inversión en apoyar eso versus la ventaja que vamos a obtener a través de los resultados es significativa. Verde es vida. Defiendo cada yuyito que veo por ahí.

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