Branislava Susnik y la Rebelión Chamánica

Por Víctor Sosa Traverzzi

Branislava Susnik una de las antropólogas más importante en la etnografía paraguaya, nos expone en su artículo “Etnohistoria del Paraguay” publicado en el “Suplemento Antropológico” de la Universidad Católica, que los guaraníes tuvieron una expansión prehistórica entre los ríos Uruguay y Paraná, se caracterizaban por su “antropodinamismo neolítico y la búsqueda del “yvy porã”, “tierra buena”, apta para el cultivo, símbolo del bienestar; cuando las presiones de los conquistadores acondicionaron el encierro socio político de los Guaraníes, la misma idea volvióse un concepto místico “yvy mara’eÿ”, la “tierra sin mal” (pág. 31 Supl. Antro.) Esta idea de la “tierra sin mal” toma importancia y emerge definitivamente en el siglo XX en los estudios etnohistóricos que pudieron documentar los cantos y oraciones realizadas en las fiestas religiosas y ceremonias rituales.

Susnik dice que las parcialidades guaranís estaban divididas en dos grandes grupos: “los proto-mbyá comunidades exclusivistas buscando asientos en donde los ríos pequeños, y la proto-cairo canoera, con las aldeas inclusivistas, buscando el dominio de los grandes ríos”. (pág. 31) Estas comunidades tenían una conciencia etnocéntrica basándose en la identidad de costumbre, la identidad lingüística y el linaje. Según Susnik no existía una estructura sociopolítica tribal, aunque manifestaban un desprecio por las poblaciones periféricas. Hay que también indicar que las diferentes parcialidades tenían y tienen hasta ahora diferentes versiones de sus mitologías y creencias.

A la llegada de los primeros españoles a lo que hoy es la ciudad de Asunción (que fue solo una parada en búsqueda del Dorado), se produce el encuentro y la convivencia hispano-guaraní y con esto de da inicio al proceso de desintegración de los pueblos guaraníes y su aculturación, dentro de este proceso la religión guaraní juega un papel importante de resistencia. Al principio los guaraníes veían a los españoles como verdaderos Shamanes y los llamaban Karai, no se sentían amenazados por pequeño grupo que llegaba. Apreciaban el hierro-hacha y otros objetos que poseían los españoles y que les daban prestigio social. La primera forma de convivencia fue “el servicio de amigos y parientes” que consistía en la donación de muchachas jóvenes por los guaraníes, comenzando así el mestizaje, aprovecharon los españoles la relación social del cuñadísimo “tovayá” que para los guaraníes era una relación de reciprocidad dentro del parentesco político. Los españoles utilizaron a sus cuñados indígenas como servicio auxiliar para su expedición e hicieron provechoso también las inquietudes migratorias de estos. Muy pronto aparecieron los problemas y sin ley alguna empezó la explotación al arbitrio del conquistador y con esto las rebeliones indígenas. Estas rebeliones son importantes porque dentro de esta conflagración se fue desarrollando la religión guaraní que conocemos actualmente y que se practican en las diferentes parcialidades.

En el periodo pre-institucional de la conquista se practicaban las “rancheadas libres” y consistía en que los conquistadores sacaban violentamente a los indígenas de sus comunidades y se los obligaba al trabajo de “laboreo y también de hilanza” (Susnik 38). Y el que era el tovayá-cuñado se convertía repentinamente en el yará-dueño: “Los guaraníes vivían bajo la sicosis del “teko meguã” de la “vida catastrófica” apareciendo los shamanes con sus infaltables danzas mágico- incitadoras, esta incitación del de “yiroky” rompía la visión de la realidad, predominando la fuerza de volición. Era una revuelta contra el servicio personal y fundamentalmente contra el impacto sociobiológico. Las mujeres guaraníes no solo se descomunalizaban, sino se volvían “madres de los hijos mestizos”, reconocidos o no por sus padres españoles” (Susnik 34).

Luego, en el año 1555, llegó la institucionalización de la conquista con la encomienda, que consistía en un sistema legal para la explotación: “la conversión de los indios, su reeducación cristiano-civilizadora y a la vez para beneficiar con sus servicios a los conquistadores” (Susnik 35) En este tiempo apareció la resistencia armada contra el karaí-dueño pero faltó de apoyo shamanico, según Susnik. En las provincias del norte surgió un movimiento que proclamaba volver a las viejas costumbres o “yma guare”. Esta revuelta estaba liderada por el Shaman Overá; “Overá conjugó las ideas cristianas de “salvador-hijo de dios” pero rechazando el postulado de “ñande yará-dios-nuestro dueño” y elementos religiosos antiguos, basados en la garantía mágica de la victoria, reviviendo la espera del “yaguarete hovy” el tigre azul, enemigo de la luz cósmica y potencial destructor. Este movimiento “mesiánico” se aplacó al fracasar la “garantía mágica” del éxito; la resistencia armada bajo Guayracá fue aplastada” (Susnik 36)

El levantamiento de Overá, nos dice Bartolameu Melia en su libro “El Guaraní conquistado y reducido” puede considerarse como un paradigma de las rebeliones donde aparecen elementos de la religión guaraní, instigada por “payés” y “hechiceros” es decir por los Karaí autóctonos que predican volver a sus “ritos y ceremonias” buscando una afirmación de la identidad a través de la expresión de sus danzas rituales como un modo de ser irreductible ante el colonizador. La documentación misionera que recoge Melia testimonia este movimiento mesiánico en cartas como la del clericó Martin Gonzales del 5 de julio de 1556: “Entre los indios se ha levantado uno con un niño, que dice ser Dios o hijo de Dios, y que tornan a esta invención a sus cantares pasados…, porque entre tanto que duran ni siembran ni paran en sus casas, sino como locos de noche y de día en otra cosa no entienden sino en cantar y en bailar, hasta que mueren de hambre y cansancio, sin que quede hombre ni mujer, niño ni viejo, y así pierden los tristes la vida y el anima” (Meliá 115). Estas danzas rituales, nos dice Melia, tienen mucha importancia entre los guaraníes actuales: “aun admitiendo procesos históricos que hayan podido influir en ella, permite entender por qué la cultura guaraní, ya desde los primeros tiempos en que pudo ser registrada documentalmente, apelaba tan dramática y fuertemente a esta tradición” (Meliá 119)

Posteriormente en el siglo XVII, continuando con la Etnohistoria Paraguaya según Susnik, llegan los Jesuitas que tienen la misión de “reducir y pacificar” a los pueblos que se opusieron a la conquista armada, es una empresa ideológica de “civilizar con la cruz” rechazan toda servidumbre encomendera y promoviendo “un separatismo etnosocial compulsivo de los Guaraníes… impusieron un totalitarismo “cristiano- civilizador”, el que por su misma fuerza coactiva logro erradicar las antiguas pautas socio culturales del gentío… los Guaraníes reaccionaron mediante la resistencia socio-religiosa, liderada por los shamanes” (susnik 38) Esta resistencia Chamánica consistía en la amenaza mágica, la oratoria competitiva, la formación de las chozas-capilla, la danza ritual, la jerarquización de las antiguas chozas ceremoniales, agitación anti-buatismal y las practicas del re-bautismo y el rechazo de la culpa-penitencia. En el transcurso de la integración sociocultural la religión guaraní se fue convirtiendo “en una simbiosis del “yma guare” tradicional y la nueva realidad aculturada” (Susnik 41). La conquista espiritual se desarrolla en confrontación a los Chamanes y mesías que tratan de volver a sus tradiciones firmes. La religión guaraní que conocemos ahora por los artículos antropológicos y etnohistóricos y que practican actualmente en las parcialidades del Paraguay provienen de este movimiento de resistencia anticolonial. Es muy importante esta contextualización de la religión guaraní en su devenir antes de pasar a describir sus prácticas religiosa y su contenido mitológico.

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