Andrés Cuyul, cosmovisión mapuche y políticas de salud mental en Chile hoy

Salud intercultural

Por Agustín Barúa Caffarena[1]

“Andrés Cuyul” es el nombre que sugirió en una de las conversas en su camioneta en Castro (Chiloe) Jaime Ibacache, mientras contaba de salud intercultural.

En Temuco, capital de la Región de la Araucanía, hace oficina Andrés. Su cargo es SEREMI de Salud, o sea secretario regional ministerial de salud, representante de la Ministra de Salud chilena Ximena Paz Aguilera Sanhueza. Allí conversamos.

Andrés, que es trabajador social, es una alta autoridad del Estado chileno en una de las regiones centrales del conflicto entre el Estado chileno y la nación mapuche: la Araucanía. Y Andrés es mapuche y viene trabajando la cuestión mapuche desde lo existencial, lo institucional y lo académico.

E’a: La salud mental comunitaria es un submundo dentro de la salud mental, un campo muy controversial de disputas, etc. Nosotros nos paramos en cuatro patas: lo comunitario, la vida de convivencia, en vez del encierro asilar psiquiátrico; la libertad, en vez de la noción de miedo que es lo que articula la psiquiatría hegemónica; la idea de cuidados que se abre a que el sujeto cuidante no es solamente la psiquiatría, sino que cada quien tenemos una capacidad de cuidado cierta, y aparte nos cuidan muchas cosas, como el aire que nos cuida. Y la diversidad psíquica. La psiquiatría en general tiene una búsqueda estandarizante, diagnósticos universales, encasillamientos. ¿En ese sentido, vos tenés alguna discusión al respecto, te resuena en algún sentido?

Andrés: Pasa que cuando hablamos de salud mental, uno lo hace con la formación que uno tiene, en cómo los distintos aspectos de la vida cotidiana y del ser humano en sociedad, la vamos burocratizando de acuerdo a las disciplinas. Por tanto, si hablamos de salud mental ya estamos fragmentando las dimensiones del ser humano. Y eso lo hemos convertido en emociones, en pensamientos, y a veces lo hemos patologizado en términos de lo psicosomático, también lo desmembramos. Entonces lo que llaman salud mental, burocratizamos eso en la era moderna, pienso que nos constriñe demasiado. Pero ese constreñimiento tiene que ver más bien con la capacidad de limitaciones de la ciencia de la racionalidad occidental para abordar ese campo de la salud.

¿Por qué digo eso? Porque cuando uno se acerca a la medicina del pueblo mapuche, ves que cuando tú vas a un especialista mapuche que se llama Machi, la persona no te compartimentaliza. La persona te hace tu diagnóstico y te empieza a hablar de tu mamá, de tu papá, te habla de la alimentación, te habla de lo energético, de las emociones, te habla también del órgano que está enfermo, de cómo te sientes actualmente, de qué cosas estás soñando. Y no compartimentaliza. Entonces, la salud mental, compartimentaliza, está limitado y no necesariamente está conjugado con todas las otras dimensiones del ser humano.

La síntesis, como ejemplo, es lo que te da la Machi. Por eso me gusta ir a la machi. Voy siempre. Ahora que estoy en la gestión necesito ir más…

Andrés con sus colaboradores Yanet Enríquez y Gonzalo Infante.

 

E’a: … ¿Es tu terapeuta ella?

Andrés: Sí, porque tiene que trabajar todo, las emociones, los dolores, los pensamientos. Y también te tiene que cuidar. El trabajo que tengo actualmente es muy expuesto y de mucha energía. Es ir a meterse en un mundo donde uno no está acostumbrado a estar. Es un mundo político occidental, de política nacional, de una élite burguesa, no es el mundo en el que uno circula, por lo tanto tiene que cuidarse el doble.

E’a: Cuando vos introducías lo de la compartimentación o la descompartimentación ¿A vos qué te parece que puede aportar el mundo mapuche a la salud mental? ¿Qué nociones, qué aspectos, qué resaltás?

Andrés: Yo creo que la sociedad mapuche está atravesando una diáspora ontológica y filosófica que está determinada por la formación social actual, capitalista neoliberal, y que está afectando seriamente la práctica de la cosmovisión.

No obstante, esa práctica de la cosmovisión que estaba resguardada en personas que mantienen esa filosofía, puede ayudar precisamente a la salud mental y a la salud en general muchísimo. Yo creo que puede ayudar a patear el tablero de esta ultra burocratización de la salud mental, que llega hasta la psiquiatría, ¿no?

Volver a trabajar la integralidad de lo que son las dimensiones del ser humano que tiene distintas manifestaciones. Una por cierto, en lo que hoy en día llamamos salud mental, pero tiene otras manifestaciones: estallido social, conflicto social, violencia, manifestaciones de problemas físicos, biológicos.

Entonces lo que puede hacer la cosmovisión mapuche es sacudir un poco esa racionalidad compartimentalizada para volver a una integralidad de la comprensión del ser humano, que repercute en muchos ámbitos: las personas se olvidan de la integralidad, de que estamos vinculados al árbol que está ahí, o a la basura que tiramos, o al alcohol que tomamos, o a la desvinculación que tenemos con la propia familia, tiene un efecto, no?

Y si no pensamos en la integralidad en términos sociales, con los familiares; en términos ecosistémicos, con respecto a lo que llamamos naturaleza, al medio; o lo que es invisible, las cuestiones en las que creemos, difícilmente vamos a poder recuperar la salud mental.

E’a: Un profesor de psiquiatría en La Habana me decía su definición de espiritualidad: “espiritual es todo lo que no se puede ni comprar ni vender”. ¿Cuál sería para vos la idea de espiritualidad mapuche?

Andrés: Escapa porque trasciende. Lo importante de la espiritualidad es que logra trascender al cotidiano, logra trascender al tiempo del aquí y el ahora, logra trascender a la vida propia. Y si uno cree en eso, eso es espiritualidad. O sea que mi forma de ser actualmente logre trascender a mis nietos, por ejemplo, y yo creer en eso, tiene que ver con la espiritualidad. El que yo crea algo pueda trasformar una situación x, eso es vivir la espiritualidad. Que yo crea que no puedo cortar ese monte que está frente de mi casa a 50 metros porque eso me va a afectar a mí y a mi familia, eso es vivir la espiritualidad. El hecho de plantar árboles nativos y no exóticos para poder mantener el agua en mi casa, eso es una práctica de la espiritualidad. Trasciende. Pero, por cierto, desde un punto de vista mapuche, tiene que verse. Tiene que ser asociado a lo práctico. Por eso no es arelacional. Al contrario.

E’a: Cambiando el ángulo, ¿cómo ves las polarizaciones en la sociedad chilena contemporánea? ¿Hay algún nivel de polarización? ¿Qué gravedad tiene? Te digo porque para nosotros ese es un gran problema de salud mental, las polarizaciones donde el otro, precozmente, es un enemigo total, un inescuchable…

Andrés: Lo que pasa es que en nuestros países capitalistas subdesarrollados hemos intensificado la producción del capital y la hemos puesto en la intersubjetividad. Hemos hecho mercancía lo que influye en las relaciones sociales. Las prácticas de cuidado las hemos burocratizado, hemos intensificado tanto la mercantilización de esa subjetividad que nos unía.  Por ejemplo, las prácticas de cuidado están totalmente mercantilizadas.

Y esa práctica del cuidado es lo que te genera solidaridad, reciprocidad. Eso ya lo hemos mercantilizado, por tanto, hay aspectos de la vida social, de esa subjetividad, hemos intensificado la explotación. Evidentemente puede ser invisible, pero se palpa. Nos hemos despojado de eso. Y eso ha hecho que nos volvamos más individualistas, menos comunidad, ya no interesan las cuestiones de comunidad.

Nos fuimos despojando de los cuidados. Y eso habla de una sociedad que está enferma de salud mental profundamente. Y que esa fragmentación va a tener distintas manifestaciones, no solamente un estallido social. Tiene manifestaciones en la cantidad de personas enfermas de salud mental en los trabajos, las licencias médicas, la cantidad de conflictos violentos, los hechos violentos que hay en el país. Y es porque nos hemos despojado de eso, pensamos que todo se compra con dinero, pero estamos profundamente equivocados. Lo que nos va a salvar en algún momento va a ser el recuperar ese vínculo.

E’a:  En el gobierno de Fernando Lugo se armó una barricada entre “los nuevos y los viejos” trabajadores. Había un superiorismo moral de los nuevos y un rechazo de los viejos. ¿Cómo están planteando esas relaciones interinstitucionales para los cambios de políticas?

Andrés: La política nosotros tenemos que entenderla como una arena de luchas y de prioridades sociales que se dan en un momento histórico, y a partir de decisiones políticas y de concepciones epistemológicas y filosóficas de lo que queremos en lo social. Actualmente estamos trabajando sobre las urgencias. Y no tenemos ese trabajo de priorización. Es decir, tenemos una política que es instrumental a la respuesta de la urgencia, de la necesidad.

Tú escuchas a los gobiernos: la urgencia, los incendios. Pero no estamos consensuando cuáles son las prioridades sociales de una sociedad a partir de un marco epistemológico, filosófico, pero también a partir de un problema específico. Ver hacia dónde vamos.

Entonces no tenemos ese consenso, la política está siendo mecanizada. No estamos entendiendo la política como una arena, con ciertos conflictos. Acá no se está consensuando, se está trabajando reactivamente sobre líneas de acción temáticas, pero sin este consenso social. Las nuevas políticas sociales no están editando la conflictividad, no están editando la fragmentación, porque nos estamos saltando la concepción de la política como un consenso de prioridades sobre lo que queremos del devenir social.

E’a: …Tomados por las urgencias. Te hago otra pregunta que tiene que ver. La importancia de lo comunitario en tu mirada sobre la dificultad y su dificultad para ensamblarse con lo estatal. ¿Cómo lo están trabajando?

Andrés: Creo que una de las cosas que constriñe la posibilidad de trabajar lo comunitario es que el armado burocrático estatal, en el campo de la salud, por ejemplo, está concebido exaltando lo individual, pagando lo individual, distribuyendo la acción individual. Por tanto, lo comunitario puede ser en la medida en que lo comunitario sea una suma de individuos. Pero no una apertura a hacer comunidad generando vínculos. Porque el Estado lo comunitario lo está viendo como una burocratización individual de la acción humana, no está habiendo procesos. No estamos impulsando procesos sociales desde lo comunitario.  Estamos administrando la fragmentación social.

E’a: Rita Segato, antropóloga argentina, decía que el Estado no sabe cuidar. Que quien cuida es la comunidad, los lazos de cercanía. Decimos, bueno, no cuida como tendencia, pero algo se puede intentar en el intersticio entre comunidad y Estado…

Andrés: Seguro, siempre hay pliegues. Pero esos pliegues lo vas a encontrar alejado de lo estatal. Lo estatal, en la fase neoliberal en la que estamos, tiene tentáculos que te cortan hasta lo invisible. Pero hay pliegues. El mismo Estado forma alteridades, como dice la misma Rita Segato.

El tema es encontrar esos pliegues en el momento que te toca vivir y dónde te toca vivir y ahí generar nichos para sentirte libre un rato.

E’a: ¿Cómo leer el Estallido social (2019) como emergente de salud mental? ¿Qué dice del Chile contemporáneo y del Chile que viene?

Andrés: El estallido es un síntoma. Es un síntoma de la crisis que todavía se vive. Es un indicador de efecto nomás. Y esa crisis está vinculada a otras crisis y otras situaciones mundiales, internacionales. Son distintos efectos, en distintos lugares, con distintas crisis, de alguna forma. Está el Estallido social, está la sequía acá en el sur de Chile…

E’a: Este gobierno podría ser un efecto también…
Andrés:
Es que seguimos en crisis y aquí a este gobierno le está tocando administrar la crisis…

E’a: Este es un emergente social (el Estallido), y el otro es el conflicto Estado chileno – pueblo mapuche. ¿Cómo lo leen desde la salud mental? sobre todo en la Araucanía… ¿cómo lo piensan?

Andrés: Si uno lo piensa en términos de enclave de reproducción social, tú vas sumando elementos no resueltos que tiene la sociedad, una fragmentación de origen, donde tú partes de la base de identidades restringidas, nacionalidades que fueron siempre restringidas, pero que perviven queriendo ser nación. Libertad restringida es un problema de salud mental. Y esos síntomas de efectos coloniales tú lo ves todo el tiempo, porque esa fragmentación nunca se abordó, siempre se negó al otro. Entonces esa negación es un problema de salud mental de origen. Y eso puede desencadenar en las peores guerras civiles o en los peores efectos de violencia que puede haber en las sociedades humanas. Porque es algo no resuelto. Hemos intentado en Chile tratar de resolver históricamente, revisionistamente, hemos tenido comisiones. Pero eso no ha decantado en políticas que sean esos consensos que te decía hace un rato. Han decantado en alguna respuesta asistencial, o específica, muy puntual. Por tanto, la enfermedad todavía va a seguir ebullicionando, porque no la hemos abordado en toda su dimensionalidad. Tal vez la hemos tratado de compartimentalizar, como seguridad pública o como asistencialismo.

E’a: Esto que decías vos de la biopolítica, el higienismo…

Andrés: Si tú andas en vehículo acá en la región vas a darte cuenta que los sembrados más grandes, más hermosos son tierras planas, las mejores tierras agrícolas. Y no están en manos de mapuches, en manos de mapuches están las tierras que son colinas, que ahí es donde se les arrinconó. Los mejores campos fueron de la gente extranjera que se trajo acá para ampliar la economía, comillas, “mejorar la raza”, después de la guerra.

E’a: Una impresión de lo poco que escuché del presidente [Goric] es que, por un lado tiene una sensibilidad con el tema de la salud mental, y por otro lado cierto relato de la salud mental que lo voy a caracterizar como patologizante, psiquiatrizante, profesionalista, y por ende todo lo que trae ese modelo.
Si fuese así ¿hay discusión sobre eso, de colocar un modelo de salud mental más sensible a lo comunitario, a lo colectivo?

Andrés: Eso se va a discutir en el proceso de reforma de la salud, que está todo en plenario todavía. Lo que sí hay intención de avanzar con instalar el dispositivo para abordar salud mental, pero eso no está cerrado. Las señales que se están dando, con los recursos que se tienen, es generar dispositivos comunitarios.

No obstante, la capilaridad de eso, y la materia gris de eso, el qué vamos a hacer, todavía no está resuelto. La discusión todavía no se abre. Y tiene que ver, yo creo, con el momento histórico que estamos viviendo. Todavía no se abre porque está siendo muy difícil gobernar, por este proceso de crisis que se está viviendo en Chile. Por tanto, se está cuidando mucho toda discusión que se abre. Yo pienso que esto se va a cerrar en el proceso de reforma de la salud.

E’a: ¿Cuáles son los efectos en la salud mental de los resultados del plebiscito de la constituyente? ¿Hay un impacto? ¿cuál es? ¿cómo deja a la población chilena?

Andrés: Ahí hay hartas complejidades. Uno lo podría pensar linealmente, en términos de frustración, etc. Lo podría pensar linealmente también en términos de que esa no era una opción y por eso perdió. O uno lo podría complejizar un poco más y ver cuáles eran dentro de esta cocina en ebullición, qué cosas estaban en juego y quiénes priorizaron ahí. Quienes priorizaron ahí eran las personas que estuvieron vedadas por muchos años de priorizar. Por eso se estaba priorizando el tema de la salud mental, estrategias de cuidado, el tema de las pensiones, derechos sociales. Porque quienes priorizaban era gente que representaba los intereses de la gran ciudadanía. Entonces eso fue un avance. Uno lo puede ver como un fracaso si es que no entiende que esa fue la propuesta de los que nunca hablaron. Los que nunca tenían voz. Lo puede ver como un fracaso porque se perdieron las elecciones, pero esa pérdida de las elecciones es un síntoma de que estas personas estaban tratando de priorizar cuando este país todavía no había cambiado. Porque las relaciones de poder de este país todavía no están.

Por eso los medios dominantes contrariaron todo el tiempo, bombardearon de manera capilar, lo que estaban haciendo estos de abajo, con mentiras, dando vuelta la información que había, etc. Y estos en la borrachera propia del querer cambiar las relaciones de poder, no leyeron precisamente en tiempo real lo conservador que era el contexto que queríamos cambiar. Y eso conservador del contexto que queríamos cambiar fue el que nos rechazó.

E’a: ¿Los efectos de la dictadura pinochetista en la salud mental contemporánea tiene que ver con la política de salud mental del Ministerio de salud? ¿Se aborda de alguna manera?

Andrés: No, de ninguna forma. Lo único que abordó el Ministerio de salud, de manera muy, de parche, fue el programa de reparación, el PRAIS [Programa de Reparación y Atención Integral en Salud y Derechos Humanos], pero de manera precarizada, no integral. Un apéndice, o ni eso. No tiene un diagnóstico. Cualquier política de salud mental que se quiera hacer hoy en día tenemos que resetear todo de nuevo y aprender a leernos de nuevo. Y que excede lo que actualmente llamamos salud mental. Lo excede, lo excede porque tiene que incluir manifestaciones ciudadanas, delincuencia, fragmentación social, conflicto social, conflicto inter-étnico, el efecto de los medios de comunicación respecto a las realidades que se crean. Por cierto, estadísticas convencionales. Pero también lo que siente la gente (lo que pregonamos siempre con Jaime, la epidemiología sociocultural), tiene que incorporar los sentires de las comunidades.

 

[1] Médico, psiquiatra comunitario y antropólogo.

 

 

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