Literatura, el arte discriminado

En estos días premiaron a un respetado periodista de radio y televisión -también un gran escritor-, cuyo nombre evito para no herir su proverbial humildad y comprometerlo a ninguna devolución. Por lo demás, creo que sería redundante mencionarlo con nombre y apellido.
En su discurso de agradecimiento, el galardonado destacó la importancia de abrir espacios a la literatura y los libros en los medios.
Su extraordinaria grandeza de espíritu evidentemente no le permite ver que nadie abonó la preciosa planta que él sembró, en la medida en que lo merecía; dos o tres intentos osados de asumir el desafío chocaron –y van chocando con admirable tozudez- con el muro insalvable del rating, autoridad indiscutible para las empresas que una vez al año recuerdan con hermosos discursos algunas curuvicas de nuestro universo cultural, mientras sistemáticamente las discriminan en su revisión diaria.
Algunas expresiones se salvan del naufragio porque los parámetros del mercado las encuentran atractivas para el rating y gastan sus mejores inversiones en fortificar el barco. Y en una escala que merecería un espacio mucho mayor que este, la literatura se viene confirmando como el último orejón del tarro, aunque ella se haya ganado la atención de las más prestigiosas universidades del mundo y bibliotecas enteras de sesudos estudios de las más brillantes figuras del mundo literario.
Los nuevos profesionales de las comunicaciones muestran una admirable capacidad de aprender los conceptos y vocabularios de los nuevos lenguajes, y no se han desayunado con que la viejita literatura es el cimiento de muchos de ellos, considerada por los mejores pensadores como el espejo más profundo de cualquier cultura.
Hay una explicación corta y redondita que resume todo el problema local: no vende. Para disimular una situación tan vergonzosa, una vez al año los medios conceden algún espacio a la Ley del Libro, a las ferias del libro que se realizan heroicamente pese a la calificación lapidaria, o al aniversario de aparición de Yo el Supremo.
Mientras tanto, la preciosa planta sembrada por el periodista galardonado días pasados sigue esperando el alimento que se merece. La literatura y los libros seguirán sin vender mientras algunos actores sociales como los medios no asuman su importante rol sensibilizador hacia la cultura. Al fin y al cabo, a ciertos espacios de dichos medios los denominan “de artes y espectáculos”. La literatura es una de las artes, ¿o no?

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